Cuando el asesino en serie que tenía aterrorizada a la ciudad desde hacía más de un año la sorprendió en un callejón, la víctima venía pensando en la extrañeza que le causaba la palabra “uperisada” que se leía en los cartones de leche, preguntándose por qué “uperisar” y no “uperizar”, que sonaría mucho más natural en español.

Media hora después, un vecino la encontró agonizante sobre un charco de sangre que había manado de una única y brutal herida en el abdomen. A su lado, el jarroncito con flores de plástico que siempre depositaba el asesino para firmar sus actos. La mujer en el suelo murmuraba algo. El vecino se acercó a ella y escuchó:

– ¿Por qué? ¿Por qué uperisada?

No es necesario decir que estas últimas palabras de la víctima entorpecieron enormemente la labor policial.

4 Comentarios

  • Paco Gómez Escribano Publicado 6 julio, 2011 7:25 am

    Qué bueno, Rosa. Un beso.

  • Spinoza AC Publicado 6 julio, 2011 1:54 pm

    Lo mismo digo, Rosa. Besitos.

  • rosaribas2 Publicado 8 julio, 2011 9:33 am

    Gracias a los dos. Un abrazo.

  • LASIESTADELVIGÍA Publicado 5 febrero, 2012 5:50 pm

    ¡Breve y genial!

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