Cuando se les pregunta a los autores de novela negra las razones por las cuales cultivan el género, suelen –solemos- responder con el tópico de que la novela negra es la novela realista de nuestros días, que permite mostrar aspectos de la sociedad a los que otros géneros no tienen acceso. O algo similar.

Si el género negro es la novela realista de hoy, basta con mirar los contenidos de muchas, muchísimas novelas negras que se publican para llegar a la conclusión de que estamos rodeados de asesinos en serie. En todos los países, en todas las capas sociales, hombres y mujeres, jóvenes y mayores. Hay asesinos en serie para todos los gustos. Por razones estadísticas, es bastante probable que en su barrio o su calle, incluso en su escalera, se esconda uno.

Puesto que siempre es mejor ser el vecino asombrado que dice “Parecía tan normal. Siempre saludaba cuando nos encontrábamos en la escalera o en el ascensor”, que la víctima descuartizada, estrangulada, congelada, ahogada o la variante escogida por el asesino en serie que le haya tocado en suerte, desde aquí le mandamos algunas medidas profilácticas, cuyo seguimiento pueden ahorrarles el más desagradecido de estos papeles.

Los asesinos en serie suelen tener algún sentido exacerbado, hipersensible por eso:

No mastiquen chicle ruidosamente, sobre todo en lugares cerrados. El lugar más peligroso, es, por supuesto, el cine. Aunque las salas de estreno se esfuercen en ocultarlo, muchas veces entra una persona más de las que salen. Vivas, se entiende.

Hablando de masticar, también al comer es recomendable hacerlo con la boca cerrada. Los asesinos en serie sólo toleran a su perro que mastique sin hacerlo y sepan ustedes que a
veces el perro tampoco las tiene todas consigo. Eviten los perfumes demasiado penetrantes o el exceso de perfumes, aunque sean suaves. Para muchos asesinos en serie, como para los insectos o los tigres, una marca de olor excesiva es un desafío. No coman patatas fritas, aros de cebolla, hamburguesas y otras comidas de olor intenso en transportes públicos. Puede que la persona que se sienta a su lado o varias filas más atrás (el olor se esparce por todo el vehículo) sea un asesino en serie.

Sorberse los mocos en los conciertos, aunque sea al compás de la música, a algunos les puede parecer una nimiedad. Al asesino melómano, no. Tengan cuidado, el asesino melómano es de los más agresivos. Ya se sabe, compensación. La misma persona que llora con Mahler les puede hacer una vivisección sin pestañear. Lo mismo vale para los ataques de tos y la música de cámara. Con los conciertos de música sinfónica, donde tosen más personas, los asesinos en serie quedan inhibidos por el exceso de ofertas en víctimas. Si están resfriados o tienden a la tos nerviosa, quédense en casa y escuchen la grabación.

Por lo dicho unas líneas más arriba, cuando alguien les salude en la escalera o en el ascensor, devuelvan el saludo. A los asesinos en serie les gusta saber que alguien se encargará de decir la frase “Parecía tan normal. Siempre saludaba cuando nos encontrábamos en la escalera o en el ascensor”. Tener un rol adjudicado y que no sea el de víctima, mejora sus probabilidades de
supervivencia.

Esperamos que tras estos consejos prácticos y fáciles de seguir, se sientan ustedes más seguros. Claro que siempre les puede atropellar un autobús o se les puede caer una maceta en la cabeza. El mundo está lleno de peligros. Pero, si somos sinceros, hay pocas opciones menos atractivas que abandonarlo a manos de un asesino en serie.

3 Comentarios

  • Jésvel Enviado el 22 marzo, 2012 7:45 pm

    Yo, por si acaso…, siempre saludo a los vecinos… 🙂

  • Edda Enviado el 27 marzo, 2012 2:28 pm

    Huy, creo que llevo demasiado tiempo sin escribirte. Luego te envío un mail, por si acaso… 🙂

    • Rosa Ribas Enviado el 27 marzo, 2012 2:55 pm

      Parece que esta entrada esta poniendo nerviosa a mucha gente 🙂

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