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Todos llevamos en nuestro interior huéspedes indeseados. Algunos, como los malos recuerdos, son capaces de quedarse quietos, escondidos durante mucho tiempo para asaltarnos cuando los rozamos ni que sea ligeramente. El peso de una pluma puede hacer saltar sus resortes. Sabemos, además, que una vez dentro de nosotros, lo peor que podemos hacer es tratar de expulsarlos a fuerza de voluntad. Eso sólo los hace más fuertes. Es como querer que un gato vagabundo se vaya de casa dándole cada día un ratón tierno y jugoso. Lo más probable es que el gato escuálido y esmirriado acabe convertido en un tigre.

Más activos que los malos recuerdos son los miedos. Son polizones que un día nos abordan, se instalan y se dedican a vivir a nuestra costa. El mío no me asaltó como los piratas, entró metido en algún baúl del equipaje normal, tal vez dentro de un mal recuerdo. A saber, hace mucho de ello.

Como en los barcos, el primero en notar la presencia del polizón fue el cocinero. El estómago empezó a mandarme señales, perdí el apetito. Pero no le di importancia. Eso envalentonó al intruso y comenzó a hacer incursiones a la sala de máquinas. Llegaron las palpitaciones y con ellas los sudores fríos. Y un buen día, el polizón se coló en la sala de mando y, como los niños cuando fingen conducir el coche de sus padres, se dedicó a mover el volante a un lado y a otro, a apretar botones y pedales sin sentido. El cerebro respondía obediente con todo tipo de síntomas: temblores, pupilas dilatadas, las consabidas palpitaciones, los inevitables sudores.

Durante varios años. Ahora, hace unos días, sin motivo aparente, decidió hacer las maletas, ponerse el sombrero y abandonar el barco. Se marchó. Sin más. Sin despedirse ni dar las gracias. Sin disculparse ni dar explicaciones. No sé por dónde anda. Tengan cuidado con él. Es un parásito que no puede ni sabe vivir sólo. Está buscando otro lugar donde instalarse.

Si toca a su puerta, no le abran. Si dice que viene de mi parte, no lo crean. Miente.

5 Comentarios

  • Celia Jaén Enviado el 29 marzo, 2012 6:01 pm

    Me hace temblar. Hija, Rosa, parece que me has leído el pasado. A mí mi polizón se me fue después de una operación quirúrgica. Mi polizón lo encontró el cirujano. No veas que alivio.

  • Jésvel Enviado el 30 marzo, 2012 8:21 am

    Me temo que estos polizones se cuelan por las rendijas de las puertas, sin llamar previamente, pero vamos, que si viene, no pienso hacerle mayor caso, a ver si así se aburre y se va…

    • Rosa Ribas Enviado el 5 abril, 2012 11:03 am

      Así suele ser, pero ignorarlos me parece una estrategia excelente.

  • Marta Kapustin Enviado el 2 abril, 2012 1:28 pm

    Qué horror!
    Ayer llamó temprano de parte tuya. Como le escuché el acento un tantín catalán, ni siquiera dudé.
    Me preguntó si le iba a dar un lugar como tú se lo diste y, por suerte, antes de darle el sí fácil que me caracterizale aclaré que pediría referencias.
    Me cortó.
    Qué bueno que ahora recibo tu advertencia. Por poco le preparo una guirnalda de bienvenida.

    • Rosa Ribas Enviado el 5 abril, 2012 11:02 am

      Menos mal que avisé a tiempo. Este es de los que quedan para largo, si es que se van.

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