Foto de mensatic

Ya empieza a ser un lugar común advertir de la necesidad de ser precavidos con lo que los demás saben de nosotros. No me refiero, sin embargo, a todas esas teorías que nos quieren explica qué dice sobre nuestra personalidad, por ejemplo, el modelo de coche que elegimos: sobre los complejos de inferioridad de los que conducen un Landrover por la ciudad, sobre el pene minúsculo de los dueños de deportivos o la agresividad latente de las dueñas de Golf rojos.

Y qué decir de los articulillos que aparecen regularmente en los suplementos dominicales de los periódicos, encaminados a llevarnos a una especie de paranoia indumentaria con títulos como “¿Qué dice tu ropa de ti?” o “Los colores nos delatan.” O los más pérfidos como “Un nuevo peinado, un nuevo yo.” Basta un poco de sentido común para superar la zozobra en la que nos deja su lectura o, en caso de que percibamos el peligro de que dejen secuelas, basta con buscar un suplemento de dos meses antes para leer lo contrario.

Así que, como ven, por ese flanco nos delatamos menos de lo que nos quieren hacer creer. En realidad, se trata sólo de una maniobra de distracción. Hay frentes más delicados que descuidamos porque los creemos a resguardo en lo más profundo de lo más nuestro e íntimo, la propia casa. Me estoy refiriendo al cuarto de baño. ¿Se han parado alguna vez a pensar en cuánta información sensible están proporcionando a las personas que entran en su cuarto de baño?

Si quieren levántense y den una mirada con ojos ajenos por lo que me imagino que ustedes también consideran el espacio más resguardado de su hogar; en el fondo más aún que el dormitorio, que tal vez algunos de ustedes pusieron en primer lugar. Reflexionen: ¿cuál es la única habitación de su casa que se puede cerrar con pestillo o con llave por dentro? ¿Dónde se pueden encerrar si lo desean? ¿Dónde pueden impedir ser vistos? Está claro, ¿no? Sólo en el cuarto de baño.

Si aún no se han levantado para darle un vistazo, tal vez lo hagan ahora si les pido que reflexionen acerca de lo mucho que averiguan las visitas sobre nosotros cuando entran allí, aunque sea sólo para lavarse las manos. Sobre nuestros miedos y preocupaciones. Las cremas antiarrugas, su calidad y cantidad, hablan del grado en que nos atenaza el temor a envejecer; los analgésicos indican nuestra tolerancia al dolor; los somníferos cuentan de los fantasmas que nos visitan de noche.

Pero también los botes y botellitas más triviales pueden volverse contra nosotros. Piensen cuánto poder tiene un comentario inoportuno o malintencionado sobre nuestra caspa delante de una persona a la que queremos impresionar. O una pregunta aparentemente amistosa sobre el estado de nuestras encías sangrantes durante una entrevista de trabajo. O tal vez un presunto elogio del confort que supone que tengamos papel higiénico de cuatro capas además de toallitas húmedas justo cuando estamos pidiendo un crédito en el banco.

Son sólo unos pocos casos hipotéticos, pero si ahora, finalmente, entran en su cuarto de baño, obsérvenlo desde esta perspectiva y saquen ustedes sus propias conclusiones.

No, no me den las gracias. Sólo cumplo con mi deber.

¿Una solución? Se la daré en breve en los comentarios. Es un lugar más discreto.

PS: Este post está dedicado a Asum R. y Melba C. por su hospitalidad

5 Comentarios

  • Celia Jaén Enviado el 10 mayo, 2012 1:38 pm

    Me pongo ahora mismo a esconder las miserias que tengo expuestas en el cuarto de baño. ¡Pero rápido!

  • Alice Silver Enviado el 10 mayo, 2012 9:48 pm

    ¡No vuelvo a invitaros a casa!

  • Anónimo Enviado el 20 mayo, 2012 10:59 am

    Por alusiones agradeciendo esta dedicatoria, permítenos matizar.

    Los potingues no son nuestros, los deja ahí mi hermana, los analgésicos justo los compramos esa semana que tu estuviste en casa, el dentífrico de las encías era una oferta para probarlo y las toallas húmedas pretendían ser un detalle para las visitas.

    Eso sí, la revista de la OCU no tiene mejor lugar y los patitos de la bañera….. a ver cómo te lo explicamos.

    Besos
    Asum R. y Melba C.

    • rosaribas2 Enviado el 20 mayo, 2012 8:48 pm

      ¡Cielos! Me temo que se acabaron las invitaciones en casas de amigos.

  • Alice Silver Enviado el 20 mayo, 2012 8:18 pm

    Jajaja, muy buena venganza lo de los analgésicos.

Añadir comentario

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*