Foto de Rafa Milán

Hoy he descubierto qué costumbre de mi marido voy a odiar cuando llevemos unos cuantos años más juntos. No es nada grave ni especialmente molesto en la actualidad, pero es un hábito lo bastante reiterativo para haberme llamado la atención varias veces y para que se lo haya comentado en un par de ocasiones. Sin ningún tipo de acritud, por supuesto. Con una sonrisa y en tono bromista.

Pero sé que dentro de unos años ya no se lo diré sonriendo, que murmuraré entre dientes cada vez que lo haga, que me arrancará un suspiro cansino, que a veces miraré al techo antes de soltar un soplido impaciente. Pasará más tiempo y bastará la mera posibilidad de que suceda para que me ponga de mal humor, para que tal vez abandone la habitación dando un portazo, para que me pase la tarde rabiosa buscando el momento de dejar caer una sutil venganza: un halago que le negaré sabiendo que lo necesita y lo estará esperando o quizás un comentario mordaz sobre otro tema, que le clavaré como un alfiler fino pero agudo.

Finalmente, un día se lo diré en la cara, le diré cuánto he odiado desde siempre esa maldita costumbre suya. Y detrás de esa frase vendrá una larga cola de agravios acumulados, atados unos a otros como los pañuelos que los magos sacan de la chistera. Será un gran momento, aunque aún falte mucho para ello.

Pero llegará. Lo sé.

2 Comentarios

  • Celia Jaén Enviado el 20 mayo, 2012 5:26 pm

    Si es que no hay como conocer a tu media naranja y, sobre todo, conocerse a sí misma para regodearse en la venganza futura de un agravio que todavía no existe. Magnífico, Rosa.

    • rosaribas2 Enviado el 20 mayo, 2012 5:54 pm

      Gracias a ti por el certero comentario.

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