Hay días en que parece que el cerebro esté dominado por una especie de espíritu maligno. Son días en los que la fantasía construye imágenes malévolas, en los que cualquier acción de los congéneres, incluso la más inocente, produce una agresividad irracional y desmesurada sin que se pueda explicar por qué. Entonces, la voz de la vecina suena más chillona, el carnicero es más bruto, el cartero más lento y el autobús huele peor.

Y desde algún lugar muy profundo y escondido de la mente surge la imagen de la vecina presa de un ataque de tos que le vuelve los pulmones para fuera, del carnicero cortándose un dedo, del cartero cayéndose de la bicicleta cuesta abajo y del autobús abriendo las puertas sin previo aviso para dejar caer como fruta podrida toda esa gente que no considera necesario lavarse de vez en cuando. Así había amanecido Amparo y así estaba siendo el día. No era algo nuevo, lo que le sucedía, ya se había encontrado en ese estado en otras ocasiones. Cuando era joven sólo de vez en cuando; en la treintena con relativa frecuencia, cosa que aumentó con los cuarenta y se relajó algo con los cincuenta. Ahora, ya en los sesenta, experimentaba esos ataques de malhumor muy espaciadamente pero con una violencia que no conocía. Quizás, era su explicación, se debiera a que desde que éste se jubiló tenía a Carlos, su marido, todo el día metido en casa detrás de ella.

Ese día, para su gran suerte, Amparo se había anotado a un curso sobre «Cafés del mundo» en una asociación del barrio y, aunque se pasó la mitad de la sesión deseando a varios de los participantes que se quemaran hasta el esófago con cada sorbo de café y odiando la voz nasal de la representante de la marca de café que patrocinaba el acto, no pudo dejar de oír algo que llenó su espíritu de un alborozo tan maligno que casi se echó a gritar.

La mujer les estaba hablando de los cafés más caros y raros del mundo. Uno de ellos es el Kopi Luwak.

–Kopi Luwak, o café de civeta, es el café obtenido de granos que comidos por este animal y que tras pasar por su tracto intestinal son expulsados entre sus heces. Estos animales se comen los frutos maduros de café, digieren la pulpa y expulsan el grano sin digerir. El grano se lava y se tuesta para conseguir esta especialidad que sólo se da en las islas de Sumatra, Java y Sulawesi.

La voz de la mujer sonaba de pronto celestial mientras contaba que:

–Este café es actualmente el más caro del mundo. Es, aunque muchos lo denominen «café de culo de gato» o «café de mierda de mono», una bebida deliciosa.

No dejó de sonreír el resto del curso y cuando éste terminó se acercó a la mujer y le dio las gracias efusivamente. Después se dirigió al puesto de café que habían instalado en el local para el evento.

–Póngame un paquetito de 100 gramos de Kopi Luwak. No podría dormir en toda la noche, lo sabía ya, de la excitación que le producía imaginarse a Carlos tomando una tacita de café a la mañana siguiente. Por la noche, en la cama hasta le entraba la risa y, aunque intentó sofocarla, todo su cuerpo se sacudía. Carlos se despertó.

–¿Qué te pasa?

–No puedo dormir. Creo que he tomado demasiado café. A partir de mañana sólo tomaré té. Carlos se dio media vuelta y se volvió a dormir. Ella siguió un rato más disfrutando del insomnio y repitiendo bajito:

–Sumatra, Java, Sulawesi. Kopi Luwak.

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