Foto: hotblack

Cuando era pequeña creía que los adultos sabían cómo afrontar todas las cosas horribles que pasan y pueden pasar en la vida, que no tenían los mismos miedos que yo tenía.

Ahora que me acerco a los cincuenta, que llevo suficientes años siendo adulta, constato una vez más que no es así, que me siguen dando miedo las calles solitarias, meter la cabeza debajo del agua, las puertas entreabiertas, la oscuridad, la muerte de los amigos, mi propia muerte.
Pero soy optimista y espero que la vejez sea por fin el tiempo en el que se está preparada para las cosas horribles que preparan la vida y la muerte aunque una siga sin atreverse a meter la cabeza debajo del agua.

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