Foto: pinhed

–Que no, que no salgo.

–Pero es que si no sales tú, no puede salir nadie.

–Por mí no lo hagáis. No hace falta que me esperéis.

–Por supuesto que hace falta. Todas tenemos que salir a la vez. Siempre ha sido así.

–Pues alguna vez podría ser diferente. Podéis salir sin mí.

–¿Es que no lo entiendes? No podemos. Lo llevamos escrito en el código genético. Tenemos que salir todas juntas.

Que digan lo que quieran, pero yo no salgo de aquí. No lo veo claro. Es una trampa mortal y no puede ser que nuestra madre haya hecho tanto para que la mayoría de nosotras acabemos sin tocar el agua. No puede ser que dedicara tres semanas a formar en su cuerpo los huevos de los que acabamos de salir, que nadara cientos de quilómetros para encontrar el lugar perfecto donde depositarlos. Aunque la verdad es que no sé qué tiene de perfecto. La muerte nos acecha en los metros que nos separan del agua, pero por lo visto tenía que dejarnos fuera del alcance de las mareas. Y aquí cavó este agujero profundo, fresco y, sobre todo, seguro. Dentro, los cuarenta y cinco huevos de los que hemos salido uno tras otro sus cuarenta y cinco hijos tras casi cincuenta días de incubación. Casi cincuenta días esperando. No puede haber sido para acabar en el pico de algún pajarraco. No puede haber sido en vano. Mis hermanos se impacientan.

–Venga. Piensa en las medusas. ¡Ummm! ¡Qué ricas!

–Me importan un comino las medusas. Ahí afuera nos están esperando también las gaviotas.

–Pero en el agua hay comida.

–Afuera nosotros somos comida también.

–Pero los que consigan llegar al agua, se salvarán. Es la estrategia de supervivencia de la especie.

–¡A la especie que le den!

–Los que sobrevivan serán magníficos. Imagínate: pesar trescientos quilos, medir casi dos metros.

–Sí, pero ahora somos unas piltrafillas de cincuenta gramitos. Una tapa, vaya.

–¡Tenemos que salir!

–No. ¿No oyes esos pasos en la arena? Las mangostas están esperando que salgamos.

–Es la hora.

–¿No oís esos gritos? Son las gaviotas.

–¿Y no te gustaría conocer a mamá?

Está bien. Saldré.

2 Comentarios

  • Marta Kapustin Enviado el 6 enero, 2014 7:17 am

    El amor materno es peligroso en ocasiones, que lo digan los hijos. Los impacientes que sigan, tú a pensarlo bien…

    • rosaribas2 Enviado el 20 enero, 2014 7:31 pm

      Gracias por tu valioso comentario.

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