Foto: alvimann

He fallado, mamá.

Aunque has estado todos estos años advirtiéndome, preparándome para esta eventualidad, como si, más que temer, supieras que iba a suceder.

Si pudiera decírtelo, hacerte algún gesto para darte a entender que lo lamento, que lo lamento profundamente. Porque sé cuánto te avergonzarás y entonces pensarás que ésta no fue la primera ni la única vez. Desconfiarás de mí. Recordarás cuántas veces te dije que sí cuando lo preguntabas y cuántas veces te habré, por lo tanto, mentido. Pero era la primera vez, mamá. Y mira lo que me ha pasado. Pero es que tenía prisa. Las otras niñas del curso me estaban esperando. Por eso salí corriendo. Si no, hubiera perdido el autobús y hubiera llegado tarde. Sí, ya sé que ésa es una regla de papá y que no debo descuidar las tuyas. Pero la olvidé. Porque quería coger a tiempo el autobús. Lo vi venir a lo lejos y crucé sin fijarme. Una regla de los dos, de ti y de papá, que infringí.

Pero, ¿me creerás si te digo que, mientras volaba por el aire después del impacto del coche que no vi, sólo pensaba en lo que dirías tú?

Te lo contaría si los tubos me dejaran hablar, pero sólo puedo mover los ojos. Y sé que en algún momento te llevarás el montón con la ropa que llevaba al salir de casa y que entonces lo verás. Verás que no llevaba ropa interior buena. Tampoco limpia.

Lo siento, mamá.

1 Comentario

  • Marta Kapustin Enviado el 6 enero, 2014 7:13 am

    Rosa: te vieron, te vieron. Por suerte tienes los ojos destapados y podrás percibir el horror de todo el equipo médico que te atendió, y aprender de una vez. El rictus de tu madre…para qué reforzar lo que ya sabes.

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