Foto: Geert

Leon Lével nació en Hédouville, un pueblo del norte de Francia, el 12 de julio de 1910. Paul Chacque nació sólo dos días después, el 14 de julio de 1910. Ambos eran ciclistas y ambos alcanzaron sus mayores éxitos en el año 1936. Lével murió el 26 de marzo de 1946 en París de una fractura craneal tras una caída en la pista del Parc des Princes. Chacque murió en septiembre del mismo año en el mismo lugar y tras un accidente similar. Eran “gemelos temporales”.

La mayoría no lo sabe, pero todos tenemos lo que los astrólogos llaman un “gemelo temporal”, una persona que nació poco antes o poco después que nosotros y cuya vida va a transcurrir paralela a la nuestra. Por suerte, en contadas ocasiones los gemelos temporales se encuentran o llegan a saber quién es el otro.

Es mejor así. No es recomendable dar con él o ella, sea por casualidad sea por voluntad porque irremediablemente trataremos de intervenir en su vida para evitar que nos sucedan sus mismas desgracias. Sus éxitos, si son anteriores, harán que los nuestros parezcan de segunda mano, nos los sentiremos como fruto de nuestro esfuerzo, sino como el eco de lo que ellos lograron.

Sé de lo que hablo porque hace varios años que encontré al mío. El azar ha querido que de entre todos los millones de seres humanos, mi gemelo temporal viva sólo a pocos calles de mi casa y que nuestros hijos fueran juntos a la guardería. Ahí nos conocimos, un día de mal agüero en que fui yo a recoger al niño y no mi mujer. En cuanto constaté la coincidencia de nuestros cumpleaños –no sólo el mismo día, incluso el mismo año- supe que ya nada me podría librar de tener que observarlo desde la distancia. Como quien lee el programa de un concierto, su vida fue marcando los movimientos de la mía. Su ascenso laboral precedió el mío. Él tuvo su segundo hijo, mi hija llegó cuatro meses después. Perdió a su padre en un accidente; el mío murió a consecuencia de un error médico, un accidente a fin de cuentas. Me enteré, además, de que en su infancia había perdido, como yo, un perro, del que siempre creyó que se había escapado o extraviado y que sólo años después sus padres le confesaron que los habían sacrificado porque estaba enfermo. Como a mí.

No me cabe duda. Somos gemelos temporales. Sólo yo lo sé. No se lo he dicho. No quiero que cargue con la misma angustia que me atenaza día a día cuando espío su casa y constato que tarda en volver del trabajo. Es que conduce como un loco. Y cuando veo cuánto fuma, cuánto bebe, qué poco se cuida. ¡Con todo lo que hago por nuestras vidas!

Vamos a acabar mal.

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