A la vuelta del trabajo te espera alguien en casa. Tu marido, que notará que te retrasas, que se extrañará si no apareces a la hora habitual, que se intranquilizará si no recibe una llamada explicando las razones de una demora.

Por eso, cuando él está en casa, no tienes tanto miedo de tener un accidente en la carretera y de que nadie te busque, ni busquen el coche que en la oscuridad se salió de la ruta y tal vez yace tumbado de lado en una zona frondosa y mal iluminada. Por eso, si el está en casa, parece que el temor de que te asalten en ese último trozo de camino desde el aparcamiento hasta la entrada de la casa, allí donde una vez dos tipos atracaron a una vecina navaja en mano. Por eso, porque él está en casa, no te asusta ese vecino de mirada torva y aliento alcohólico que murmura cosas incomprensibles, pero sabes que obscenas a tu paso.

Y precisamente por eso, porque hoy no está, te estás planteando pasar la noche en un hotel al salir de la oficina.

5 Comentarios

  • Montse Enviado el 21 enero, 2010 3:14 pm

    Por cierto, yo vivi una cosa parecida a lo que relatas, me atracaron en el garaje cerca de casa y mi marido e hijo no se enteraron hasta que llegue.Por suerte no pasó nada.Besos.

  • Felipe Sérvulo Enviado el 30 enero, 2010 1:18 pm

    Das la imagen de mujer valiente.
    Aunque muchas imágenes son sólo eso.
    Un abrazo.

  • Francisco Ortiz Enviado el 4 febrero, 2010 8:34 pm

    Qué bien contar de manera indirecta, hacer que el lector participe, se involucre. Cada día eres mejor.

  • Francisco Ortiz Enviado el 12 febrero, 2010 7:09 pm

    Ya está el texto sobre tu novela en mi blog. Con todo el cariño y toda la exigencia de quien cree seriamente en la escritora Rosa Ribas.

  • José Luis Ibáñez Enviado el 2 marzo, 2010 4:29 pm

    Y sin embargo, la soledad y la oscuridad del campo sigue asustando a mis amigos. De nada me sirve advertirles de que es más fácil que sufran un asalto en la ciudad -ahí está la vecina atracada- que en el campo. Las películas de terror tienen mucho que ver con ese miedo. ¿Cuántos terrores debemos a la iconografía del siglo XX?

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