Miedo no me da. Es simplemente que se me empieza a hacer pesado. Son demasiados años. Veinte, para ser exactos. Apareció por primera vez cuando tenía siete años. Era demasiado pequeña para que nadie me creyera cuando les dije a mis padres que cuando me miraba al espejo, veía a ese niño detrás de mí.

– No digas esas bobadas –fue la reacción de mi madre. Y noté algo de aprensión en su voz.
Pero cada vez que me miraba en cualquier espejo, el niño estaba ahí, detrás de mí, quieto, mirándome también. No se movía, no me imitaba. Se limitaba a observar lo que yo hacía.

– ¡Ahí! ¡Ahí está! –Les dije más de una vez para que lo sorprendieran.
Pero en cuanto ellos se reflejaban en la imagen, el niño desaparecía. No importaba si mis gritos lograban que vinieran corriendo. Tan pronto ellos llegaban, lo único que se repetía en el espejo era mi rostro deformado por la urgencia y unas caras que con el tiempo pasaron del temor al recelo y después del hastío a la irritación, de modo el espejo en más de una ocasión reflejó con fidelidad algún pescozón de fastidio.

– A ver si vamos dejando estas tonterías.
No lo veían los adultos, no lo veían tampoco otros niños de mi edad. Contarlo una vez en la escuela, en el lavabo, me costó perder a la que consideraba mi mejor amiga. Se marchó riéndose con aprensión y me dejó sola en ese lavabo de azulejos blancos. Detrás de mí, las cabinas entreabiertas, y justo a mi espalda, él, un niño de cara ovalada, con el pelo muy corto, las orejas un poco separadas y los ojos fijos en mi reflejo. Siempre serio, siempre con las manos en los bolsillos de una chaqueta demasiado ancha.

– ¿Qué haces ahí?

–Le he preguntado más de una vez.

No responde, no reacciona. Solo mira. Y no crece. Siempre es el mismo niño de unos siete años.
Siempre ahí. Todos estos años. No ha faltado nunca. En ningún espejo, en ningún reflejo.
No, no me da miedo. Solo es, aunque fuera una única vez, me gustaría poder contemplarme a solas en un espejo.

2 Comentarios

  • Ester Soteras Enviado el 13 marzo, 2016 11:04 pm

    Que espanto! Quizá al mirarme en un espejo busque detrás sin poder remediarlo…

  • Guillermo Gómez Enviado el 18 marzo, 2016 3:11 pm

    ¡Qué inquietante!

Añadir comentario

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*