Sólo se habla del miedo de los alumnos al examen. Del miedo y de sus síntomas: insomnios, palpitaciones, sudores, irritabilidad, falta de apetito, exceso de apetito. Unos se muerden las uñas; otros se destrozan la mandíbula masticando chicle compulsivamente. Unos esconden amuletos de la suerte en los bolsillos; otros, bastantes, chuletas. Tics, ataques de nervios, síntomas de enfermedades más o menos fingidas,… Todas las reacciones han sido descritas y estudiadas. Hay terapias y pastillas para tratar o paliar el miedo de los alumnos al examen.

¿Y qué pasa al otro lado?

¿Por qué nadie habla del miedo del profesor al examen? Del temor de que el examen sea demasiado fácil y todos los aprueben. De que entonces, tras el alborozo inicial de los alumnos, empiece el desprecio. Es un blando, sus exámenes son de broma, con éste no se aprende nada. Nadie quiere a los profesores blandengues; incluso los alumnos más perezosos o más tontos los desprecian.
Nadie quiere a los profesores duros tampoco. Pero los respetan. A no ser que…

A no ser que el examen sea injustamente difícil. Cuando todos o demasiados alumnos suspenden es también un error del profesor porque no ha sabido transmitir lo que tocaba, porque es incapaz de evalaur de forma correcta cuánto da y cuánto puede pedir a los alumnos.

¿Y el punto medio? El punto medio no existe. El profesor siempre es demasiado duro o demasiado blando. Mañana tengo exámenes. Tengo miedo.

2 Comentarios

  • Montse Enviado el 31 agosto, 2010 10:24 pm

    Hola Rosa¡cuanto tiempo sin saber de ti!!!, Tranquila, para ti debe ser pan comido, jejej, yo ante un examen me quedo en blanco y se me olvida todo, por muy preparada que vaya. Ser profesor es un oficio muy duro, y poco agradecido por parte de la gente, no valoramos el esfuerzo que hacen para enseñar , y las horas que en sus casas tiene que preparar clases, examenes, corregirlos, …. y demas.

  • Romek Dubczek Enviado el 6 diciembre, 2010 11:55 am

    Haga lo que uno haga será criticado como profesor. Yo no tenía miedo a los exámenes, les dejaba copiar siempre y cuando no fuera muy evidente. Eso desarrollaba en ellos el tierno instinto de la pillonería.
    Un abrazo

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