© Rosa Ribas

Ahí están. Esperando. Uno de ellos será el próximo ahora que otro ya quedó tan reducido que no se puede escribir con él.

Esperando sin saber si empezarán, continuarán o terminarán una nueva historia; si se quedarán sobre el escritorio o viajarán dentro de un estuche, rozándose y golpeándose con otros más veteranos, con la goma mullida e indulgente, con el duro e implacable sacapuntas.

Esperan impacientes. Y no se imaginan que el próximo va a estrenar un cuaderno, ni que en ese cuaderno empieza un nuevo proyecto. Por eso los miro y busco con los ojos, sin tocarlos para no crearles falsas esperanzas, a mi próximo compañero de trabajo.

2 Comentarios

  • Lola Navarro Bustos Enviado el 5 mayo, 2015 12:12 am

    A los lápices afilados les faltan unas banderitas, como preparados para salir al campo de batalla de las palabras.
    Me gustan mucho.

  • Pilar Jaén Rodrigo Enviado el 2 junio, 2015 4:59 pm

    Te visualizo en la habitación, sentada a la mesa, con la ventana al fondo, tomando un café humeante, rodeada de tus cosas, cada una de ellas elegidas, que te rodean de quietud.
    Me gusta, me genera tranquilidad y seguridad.

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