−No, así no era.

Nunca había sido así, por más que algunos en el fondo lo desearan. Quizás para ver qué pasaba, quizás porque a muchos en el fondo no les gustan los ganadores, sobre todo los invencibles. Pero ésa es otra historia. Lo cierto es que nunca pasó. Jamás el Coyote cazó al Correcaminos. Y jamás lo va a hacer. Todo el mundo lo sabe.

Si estando en la carretera oyes un bip, bip”, ten la seguridad que se trata de mí. Y si intentas seguirme, te va a anochecer, pues ni el feroz coyote me puede comer.

Ni las piedras lanzadas con palancas, empujadas desde el borde de un precipicio, arrojadas en el estrecho paso de un cañón. Ni las trampas sofisticadas y absurdas, ni los robots, ni los cohetes de todos los tamaños, las granadas o los explosivos −siempre de la marca ACME− lo habían conseguido jamás. Ni lo van a conseguir. Así lo dice la canción.

Miles de trampas te ha querido poner, pero en todas ellas ha de fallar. Y ni a base de golpes quiere entender que si sigue con sus tontas trampas se va a matar.

El destino del Coyote es no cazar al Correcaminos. El del Correcaminos es correr. ¿Por qué? Quizás porque le gusta correr, como a él cuando era pequeño. Quizás corre para huir, como él también. Huía de su padre y de su correa, de los chicos mayores, de los matones del barrio. Huía e imaginaba que desaparecía tras una nube de polvo. En todos los años que llevaba robando bolsos nadie había llegado a verle más que la espalda. Lo hacía siempre en lugares muy concurridos. En las Ramblas, delante de la Sagrada Familia, en Montjuïc, cuando la gente iba a ver las fuentes. Las víctimas eran siempre mujeres a las que arrancaba el bolso de un tirón seco. Un sólo tirón certero. Su mano se prendía del asa, se cerraba sobre ella con fuerza para soportar el durísimo tirón que tenía que descolocar el brazo de la portadora, aflojarlo para que la tira de cuero se escapara de él.

Tenía que ser una sacudida ineludible, como el golpe de la tijera que separa sin remisión la rama del árbol en la poda. Después la víctima sólo llegaba a verle la espalda. Y a escuchar el burlón “mic, mic” con el que se escabullía veloz entre la gente. Correcaminos, eres más veloz que un jet. Pobre coyote, ya no sabe ni qué hacer.

Así es. Así tiene que ser. Se trata de una ley tan inmutable como la rotación de la tierra, como la gravedad, una ley natural. Y las leyes naturales no admiten cambios, porque el cambio significa la catástrofe, supone la muerte. Como la encontró ese día Ignacio Olmedo, alias el Correcaminos, cuando el marido de la mujer a la que acababa de robar el bolso en el puerto, un traficante de drogas del barrio de la Mina, Diego Fernández, alias el Coyote, sacó rápidamente la pistola y disparó a una espalda que huía con un alijo recién recibido.

Sólo tuvo tiempo del primer “mic”; el segundo lo cortó un borbotón de sangre que le inundó la boca. Su último aliento lo gastó en una inútil protesta.

−No, así no era.

(Texto publicado anteriormente en mi blog “Pues ya que estoy aquí”)

4 Comentarios

  • zoquete Enviado el 6 enero, 2012 10:23 am

    Sí, hay leyes inquebrantables. Siempre he sentido debilidad por el Coyote, más por su obsesión enfermiza y tesón que por sus ocurrencias, que también.

    Me ha encantado esa manera de enlazar los inocentes dibujos con un lamentable episodio que de tal real se masca la tragedia.

    Solo una observación: parece que también en los dibujos el Coyote sí que consiguió atrapar al Correcaminos

    ¡Feliz Año Nuevo!

  • Francisco Machuca Enviado el 6 enero, 2012 11:50 am

    Me ha gustado mucho Rosa,tanto como tu última novela que compré en Mataró en un día de caída libre.

    Besos y un fuerte abrazo.

  • rosaribas2 Enviado el 6 enero, 2012 12:13 pm

    Gracias, Zoquete.
    Tú debilidad por el Coyote es patente. Reconozco que siempre tuvo mi simpatía, aunque de pequeña me angustiaba su obsesiva e imposible persecución. Pero ahora dices que sí lo atrapa. Me gustaría mucho ver ese episodio.
    ¡Feliz Año!

  • rosaribas2 Enviado el 6 enero, 2012 12:16 pm

    Gracias dobles, Francisco.
    Me alegró mucho tener lo oportunidad de conocerte en persona en Mataró y poder poner un rostro y una expresión a tu comentario.
    ¡Feliz Año!

Añadir comentario

Responder a rosaribas2 Cancelar respuesta

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*