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Llegó el otoño, la estación de los regresos artificiales.

La primavera es el deshielo, los brotes tiernos de las plantas, la resurrección de los insectos, la reaparición de las pieles al sol.

El otoño es la vuelta de las vacaciones, el inicio de la escuela, la última oportunidad de los buenos propósitos. Y también el momento terrorífico de comprar la agenda para el próximo año, aunque todavía esté tan lejos.

La abres y pasas las hojas, miras cuándo caen los festivos, anotas algunas citas fijas y un par de cumpleaños y pones un “Gran fiesta” en el propio porque será redondo. Justo en ese instante aparece una imagen pavorosa: gente vaciando tu casa tras tu entierro y alguien que abre tu agenda y llora al ver las palabras  “Gran fiesta” entre muchos signos de admiración.

Entonces coges la goma de borrar y te alegras de tener la costumbre de escribir a lápiz.