Hoy han abandonado la casa los siguientes objetos:

  • 5 llaves grandes. Eran idénticas. Creo que abrían la verja de nuestra vivienda anterior. Hacía tiempo que no me acordaba de esa casa.
  • 11 llaves medianas. Eran todas distintas, me ha parecido. No tengo la menor idea de qué puertas abrían. De si eran de uno de los pisos en los que he vivido o de algún despacho. Tal vez eran de casas de amigos. Con los años hemos guardado también llaves que los amigos nos han dejado en cuestodia al irse de vacaciones para que les reguemos las plantas o recojamos el correo. También por si olvidan o pierden las suyas. Esto, claro, sólo funciona con los que viven relativamente cerca y ha demostrado ser una muy buena idea en un par de ocasiones. Me gusta tener llaves de casas de los amigos. Ellos también tienen las mías. Lo que me recuerda… Un momento, creo que ya conté lo que sigue en alguna parte pero no sé dónde. Si no sabes dónde quedó es un texto perdido, ¿no? Y un texto perdido es como un libro perdido, hay que restituirlo. O no. Este sí, venga. Pues sigo. Esto me recuerda que una vez les entregamos copias de las llaves de nuestra casa a unos amigos que se marchaban al extranjero. El gesto simbólico quería darles a entender que aquí siempre tendrían casa. En el primer viaje que hicieron a Frankfurt después de marcharse nos las devolvieron con las palabras «¿Estas llaves son vuestras? No sé qué hacían en casa.» Algo que me pareció, por  el tono antipático, más que un malentendido cultural, casi un insulto. Ahora, con el tiempo, al acordarme de esto tengo que reconocer que no tenía tantas razones para sentirme herida porque mi gesto de darles esas llaves quería sustituir el afecto con pathos.
  • 1 llave de buzón.
  • 1 llave pequeña de las que cierran diarios íntimos. ¿Cómo habrá llegado aquí?
  • 2 candados pequeños unidos entre sí. No, la llave sospechosa de cerrar un diario no los abría. Comprobarlo es lo primero que he hecho al encontrarlos. Aunque lo hubiera sido, tampoco los iba a separar. Han pasado más de una década enlazados dentro de un cajón. Soy una romántica.
  • 1 llave rara. Me ha costado deshacerme de esta. Por mi culpa en realidad. Bien, por culpa del adjetivo ‘rara’. En cuanto se lo pongo a algo, ya me interesa. Pero no he dejado que el adjetivo me engatusara.
  • 1 llavero con cremallera.
  • 1 llave de candado de bici. No tengo ese candado. Creo que me lo robaron junto con la bici. La llave tiene que sentirse bastante idiota, pobre.
  • 1 llavero en forma de elefante. Casi tan difícil deshacerse de algo con forma de elefante como de algo al que le cuelgues el adjtuvo ‘raro’. Pero he sido fuerte.

Total: 25

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