«Últimamente he leído varios artículos sobre cómo ordenar la biblioteca personal. También reportajes con autores que nos muestran la suya y cuentan cómo la han ido construyendo, a lo largo de los años. Una biblioteca es una biografía lectora, aunque en todas haya bajas, como en la vida misma. Los autores también hablan de cómo ordenan los libros, si por géneros, por autores, por lenguas, por temas, por colores… Bueno, por colores no he visto a ninguno, pero mi padre, que fue vendedor de libros a domicilio, puede refrendar lo bien que se vendían los volúmenes de ‘El maravilloso mundo de los animales’ porque los lomos (en la decoración lo que cuenta es el lomo del libro), de color verde botella y letras doradas, encajaban tan maravillosamente como el mundo de los animales con el color de los muebles de comedor que se llevaban entonces.

El orden de los libros de una persona, sobre todo si se sale de las formas que hemos adquirido de las bibliotecas públicas, revela algo sobre su personalidad, sus manías, su visión del mundo. Ordenando su biblioteca personal, los lectores se pueden permitir romper con la esclavitud de los géneros y las etiquetas. En este punto son más libres que los libreros, los editores y, según se mire, que los propios autores.»

Así arranca la tribuna que apareció el 15 de mayo en El Periódico. Podéis leer el texto completo siguiendo este enlace: El orden alfabético

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