«Hace unos días, leyendo una novela traducida, me encontré con varias notas a pie de página del traductor, que explicaban nombres de personas y lugares que aparecían en el texto. Cada vez que topaba con el numerito que las anunciaba, mi cabeza lectora se llevaba un sobresalto. ¡No quiero! Gritaba una voz interior mientras la vista caía página abajo arrastrada por el peso de ese número volado, obligada a leer unas letritas diminutas a pie de página. ¡No! ¡Déjame seguir leyendo! No quiero salirme de lo que me están contando. Yo estaba bien aquí, dentro de esa historia, viviéndola, sintiéndola, disfrutándola. No me saques.
Pero es imposible –por lo menos para mí es imposible– no obedecer la orden, no dejarme llevar por el temor de perderme algo si no leo lo que pone abajo. Así que, obediente, lo hago. Después de leer esa información, que probablemente olvidaré casi acto seguido, trepo texto arriba, vuelvo al principio de la frase o del párrafo, según cuánta concentración me haya robado la excursión a la parte baja de la página, y sigo leyendo.»

Si quieres leer el texto completo, puedes seguir este enlace: Contra las notas a pie de página – El Periódico

Esta tribuna se publicó en El Periódico el 5 de noviembre de 2021.

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