Estos días han abandonado la casa los siguientes objetos.

  • 1 pato de goma. No tendré bañera en la nueva casa. Tal vez no se necesite tanto en Barcelona. En Alemania era de agradecer cuando se llegaba a casa tras una nevada o la lluvia helada de invierno. Siempre me ha gustado leer en la bañera. Solo una vez se me cayó un libro al agua. Una novela de Philip Kerr. El libro cayó de cara, de modo que, aunque lo levanté enseguida, se empaparon las páginas que estaba leyendo. Me pasé un buen rato con un secador, leyendo a medida que las páginas mojadas se separaban; el libro se me había caído en un momento muy emocionante de la historia. Quedó después ondulado. Lo conservo todavía.
  • 4 cajas de libros que se han ido a la biblioteca del Instituto Cervantes de Frankfurt. Cuesta menos sacar libros cuando en realidad los trasladas. No los conté. Serían unos cien.
  • 50 fotos borrosas. Me encantan las fotos movidas, desenfocadas, accidentales, pero no necesito tantas. Sobre todo, si no recuerdo cuándo se tomaron ni reconozco mínimamente qué o quién aparece.
  • 13 agendas, las de los últimos trece años. Las he tirado sin volver a abrirlas. En estos momentos no es recomendable, que es otra forma de decir que es demasiado peligroso emocionalmente hacerlo y arriesgarse a leer los nombres de personas que ya no están.
  • 2 cajas de metal. En su interior encontré postales y cartas. He conservado solo unas pocas; el resto ya se marchó en el interior del camión que vacía el contenedor de papel. Lo vi desde la ventana. No me dio pena. Las cajas las dejé sobre otro de los contenedores y alguien se las llevó esa misma mañana. Eso no llegué a verlo y no lo digo para no dar la impresión de que me paso el día en la ventana observando quién se lleva los trastos que saco a la calle.
  • 1 caja con palabras imantadas. “Kühlschrankpoesie”, dice en la caja, lo que significa “Poesía de nevera”. Recuerdo que hubo un tiempo en que los amigos que venían de visita se entretenían un buen rato dejando algún texto en la nevera, lo que no recuerdo son los textos. Y seguramente es mejor así, aunque seguimos siendo amigos incluso después de que dejaran sus “poemas” en nuestra nevera.
  • 1 paquete de clips en forma de hueso. Que cuando los usas para unir papeles parecen penes lo descubrí en la mesa de un funcionario de Hacienda.

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