Skip to content Skip to sidebar Skip to footer

Cuando Gregoria García se despertó esa mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertida en una monstruosa escritora.
“Ojalá me haya convertido en Kafka”, pensó.
Al levantar un poco la cabeza, vio un vientre abombado.
“Pues, no. No soy Kafka. Solo una escritora gorda”.
Decidió que antes de levantarse sería mejor repasar la lista de autores gordos que conocía y mientras lo hacía se durmió de nuevo.
Cuando volvió a despertarse, era de nuevo Gregoria García. Levantó un poco la cabeza y solo vio su vientre abombado.