«Cuando ustedes lean este texto, todos mis libros estarán metidos en cajas de cartón listas para la mudanza; pero, mientras escribo estas líneas, quedan todavía muchas decisiones por tomar.

Ya comenté una vez que había encontrado bastantes textos, unos más prácticos otros más reflexivos, sobre cómo organizar la biblioteca personal. Sin embargo, apenas nadie habla sobre cómo desmantelarla, aunque se trata de una acción tan compleja como la anterior. Más difícil en realidad, diría, porque se tiene que desmontar en pocos días, una biblioteca construida durante años. Y no se trata de meter los libros en cajas y volver a sacarlos para recolocarlos en las nuevas estanterías. La mudanza de una biblioteca es la ocasión de revisarla y separar lo valioso de lo superfluo, lo que significa que hay que tomar una decisión tras otra: qué libros se quedan, cuáles se van y, también importante, a dónde, y eso volumen a volumen. Unos irán a otra biblioteca, otros son para amigos, otros van a una tienda de segunda mano, otros al ‘bookcrossing’ y otros al contenedor de papel.»

Así empieza la tribuna que apareció el 8 de junio en El Periódico. Podéis leer el texto completo siguiendo este enlace: Al contenedor de papel.

 

 

 

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