Con “Muerte y resurrección” arranca esta semana mi colaboración con la revista Fiat Lux, una columna quincenal que, con el título “La vida en negro”, será una especie de diario de la vida de una escritora de novela negra.

Me permito reproducir aquí el texto de presentación de la columna que apareció publicado el 19 de abril:

En su maravilloso libro autobiográfico Time to be in Earnest la escritora P.D. James afirma que “nada de lo que le sucede a un novelista es una pérdida de tiempo”. La autora se refiere a los meses en que trabajó en una oficina de impuestos, un tiempo que califica como una pérdida de “juventud, entusiasmo e idealismos”, pero, aun así, no fue una pérdida de tiempo para la escritora.

Esta frase ha vuelto a mi mente en mucha ocasiones. Es lo que para otras personas el “dentro de unos años, cuando recordemos esto, ya verás cómo nos reiremos”, es la conciencia de que, ya que no lo puedo olvidar, tal vez logré transformarlo, exorcizarlo, transfigurarlo, esconderlo o, al contrario, mostrarlo impúdicamente en algún texto. Sólo tengo que dejarlo macerar y en algún momento se convertirá en un pasaje, puede que incluso en literatura. En algunos casos, de todos modos cambiaría gustosamente la literatura por el olvido, pero ya se sabe que la memoria, excepto en la política, no se borra a voluntad.

En esa constante conversión de experiencias en literatura se encuentra parte de la respuesta a una de las preguntas más recurrentes que se les hace a los autores y, a veces se hacen también los propios autores. ¿De dónde salen las ideas? De todo.

Pero hay muchas preguntas más.

En ellas aparecen los mismos interrogantes con los que podemos describir y resumir (casi) todas las historias ¿qué?, ¿quién?, ¿cuándo?, ¿dónde?, ¿cómo? y ¿por qué?

Tengo la impresión de que el más frecuente es ¿cómo?: ¿Cómo trabajas? ¿Cómo es el día a día? ¿Cómo organizas las historias? ¿Cómo dibujas a los personajes?

Pero también ¿Dónde trabajas? ¿Cuándo escribes? ¿Qué lees? ¿Quién te inspira?

Y finalmente están las preguntas encabezadas con ¿por qué? Esas suelen ser mucho más difíciles.

En las columnas que seguirán me gustaría intentar dar respuestas a algunas de estas preguntas. No esperen cotilleos. No porque no me gusten. Como ser social, siento una innata curiosidad por las actividades ajenas, pero, por otra parte, me desagradan los relatos chismosos hachos públicos.

Por lo que respecta a las filias y fobias, prefiero hablar de lo que me haya gustado. La crítica negativa es siempre más fácil.

Si me acompañan, les contaré un poco sobre el trabajo de una escritora de novela negra, rituales, costumbres, manías, encuentros y desencuentros, momentos aparentemente triviales que reaparecen mostrando su cara oscura, discusiones y debates, comentarios de lecturas y de lectores…

Sólo una advertencia:tengan siempre presente que soy escritora de ficción, no se crean todo lo que lean aquí.