Estos días han abandonado la casa los siguientes objetos:

  • 3 libros. Dos en alemán, uno en español. Los dejé en el bookcrossing del Oederweg. Volví con cuatro nuevos libros. Si fuera consecuente, hasta aquí tendría un -1. No lo soy.
  • 4 catálogos editoriales en los que salen anunciadas algunas de mis novelas.
  • 66 mapas de ciudades en las que he estado. Algunos eran mapas pequeños, de los que te dan en las oficinas de información turística. Otros, los de Berlín (2), Barcelona (2), Heilbronn, Frankfurt (3), eran callejeros desplegables.
  • 1 percha. Era como un lemming, se descolgaba y caía al suelo con una frecuencia extraordinaria. Cuando un objeto te da a entender con tal insistencia que ya no tiene más ganas de hacer nada, hay que dejarlo ir.
  • 4 reflectores para ruedas de bicicleta. Los compré para la última bicicleta que tuve, pero me la robaron antes de que tuviera tiempo de ponérselos.
  • 1 lámpara roja para la parte trasera de una bicicleta. Lo mismo.
  • 1 ratón blanco de cuerda. No tengo ni la más remota idea de cómo llegó a casa. Lleva años de cajón en cajón. Una vez le di cuerda para ver si la gata se interesaba por él, pero se limitó a mirarlo con indiferencia y después me miró a mí con esa expresión interrogante que solo los gatos saben poner cuando algo les parece demasiado idiota. Hay que decir que era una gata viejita y no estaba para gastar energía en bobadas.
  • 1 sacapuntas con demasiada afición a romper las puntas que él mismo afila.
  • 2 manuales de instrucciones de aparatos que ya no tenemos. Tienen siempre algo melancólico, como diccionarios de lenguas muertas.

Total: 83

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