Hoy han abandonado la casa los siguientes objetos:

  • 1 rotulador dorado. Se lo llevó mi ahijada.
  • 1 bolígrafo azul que no escribía.
  • 1 marcador amarillo fluorescente absolutamente descontrolado. Pintaba tanto el papel como la mano que lo guiaba.
  • 2 libros repetidos. Regalados a amigos que cumplían años. Un ejemplar de Jane Eyre en alemán y otro de Bartleby, el escribiente en español.
  • 1 sacapuntas con la cuchilla rota. No recuerdo que eso me haya pasado a mí afilando algún lápiz, de modo que solo puedo barajar dos teorías: fatiga del material o la venganza de los lápices. Nunca sabremos lo que pasa en el interior de los cajones cuando no miramos, que es la mayor parte del tiempo.
  • 1 tubo de pegamento blanco endurecido y jibarizado.
  • 1 par de pendientes que solo me puse una vez. Eran alargados y muy pesados; al caminar me rozaban el cuello y me daba la impresión de que eran mis lóbulos que se habían estirado. Donados. Estaré atenta a las orejas en el vecindario.
  • 1 colgante a juego con los pendientes. Aquí, lamentablemente, pagan justos por pecadores, pero tampoco estaba bien separarlos.
  • 2 broches de estilo modernista. Me los compré cuando tendría unos 17 o 18 años, en una época en la que me fascinaba todo lo que tuviera que ver con el Modernismo y el Jugendstil. Creo recordar que era también cuando me gustaban las obras de Aubrey Beardsley, que ahora solo soporto en dosis mínimas, y los pintores prerrefaelitas. Pecados de juventud. Donados también.
  • 1 estuche de auriculares de Renfe sin auriculares. No hace falta añadir razones.
  • 1 llavero que regalaban en la farmacia del barrio.
  • 1 cajita de pastillas Juanola. Hay algunas dentro, pero, como no tengo ni la más remota idea de cuántos años llevaba en ese cajón, he preferido no abrirla.

Total: 14

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