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En un baño pueden pasar muchas cosas desagradables.
Por ejemplo, que una polilla decida colarse por la ventana una bochornosa  noche de verano  mientras te estás duchando.
Y
La ahogues sin darte cuenta con el chorro de agua y pises su cadáver con los pies descalzos.
O
Se te pose en el hombro y se quede pegada a la crema hidratante, para, tras un frenético aleteo, caer pesadamente sobre las baldosas. Allí sigue aleteando hasta morir envenenada.
O
Se le ocurra pararse a descansar sobre el cabello húmedo justo cuando pasas el cepillo que la perfora y mezcla sus fragmentos con el pelo.
O
Le dé por pasar justo delante del secador en marcha. Entonces, escuchas el chisporroteo que hace al tostarse.

Solo una de estas escenas sucedió ayer mientras me duchaba por la noche. Podéis elegir.